Il Trovatore de Verdi

Il Trovatore de Verdi

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Il Trovatore de Verdi

Con Il Trovatore, Verdi desnuda los sentimientos más extremos del hombre, nos mueve continuamente entre contrastes opuestos, amor y odio, violencia y calma, venganza y ternura, celeridad y suspensión o vulgaridad y refinamiento, personalmente considero que es la primera ópera de Verdi con un solo color predominante y muy reconocible, oscuro, violento y triste, que la convierte en su obra más romántica.

La historia de Il trovatore se une de manera constante con hechos pasados, y su acción consiste en la revelación parcial de esos momentos ya acontecidos. Incluso el primer redoble de tambor suena como un eco de ese pasado, pronto comenzará el primero de muchos relatos que constituyen la estructura de la ópera; ya que la mayor parte de la acción no tiene lugar en el escenario, Verdi se limita a describir los hechos. Incluso para los eventos que ocurren en el presente, tales como la batalla de Castellor o la muerte de Manrico.
Esta falta de acción real crea un ambiente surrealista, fatalista y oscuro que deja intuir un destino que parece no estar en manos de los protagonistas.

Il Trovatore

Caruso aseguraba que para interpretar El Trovador se necesitaban los cuatro mejores cantantes del mundo, exageraciones aparte, no estaba muy desencaminado y puede ser una experiencia insoportable si el elenco no está a la altura.

Il Trovatore es la segunda ópera de la conocida como “trilogía popular” de Giuseppe Verdi compuesta entre Rigoletto y La Traviata, esta trilogía se destaca por una novedad argumental más realista y descarnada que lo escrito hasta la fecha, aunque a primera vista el Trovador parece la historia más convencional de las tres, comparando con un bufón, Rigoletto, y una cortesana, Traviata, el personaje de la gitana Azucena, tan desgarradoramente vengativa, lleva a la ópera a ese realismo abrupto distanciándolo de una simple obra de capa y espada.

Giuseppe Verdi se sintió siempre atraído por el universo histórico español, lo elige anteriormente con Ernani y Alzira y después de Il Trovatore con La Forza del Destino y Don Carlo, el libreto, basado en la exitosa obra romántica de Antonio García Gutiérrez, “El Trobador” estrenada en Madrid en 1836, fue elegido por el mismo Verdi.

“Querido Cammarano, el tema que me interesa en este momento y que deseo proponerle es El Trovador, un drama español de Gutiérrez, se me antoja muy bello, rico en ideas y situaciones fuertes. Quisiera contar con dos papeles femeninos: el principal una gitana, una mujer de un carácter especial; ella le dará el nombre a la ópera. La otra parte será para la segunda cantante. ¡Manos a la obra!…”
Carta de Verdi a Cammarano el 2 de Enero de 1850.

Pero Cammarano no respondió a Verdi, no fue hasta después del estreno de Rigoletto, el 11 de marzo de 1851, que Verdi, enojado con el libretista por su silencio, volverá a insistir.

Jussi Bjorling, un gran Manrico

Jussi Bjorling, un gran Manrico

Salvatore Cammarano, libretista napolitano, autor entre muchos libretos de Lucia di Lammermoor de Donizetti y de los verdianos Alzira, La battaglia di Legnano y Luisa Miller, realiza un buen trabajo de síntesis del complicado melodrama español, eliminando personajes como el hermano de Leonora, Don Guillén, Don Lope de Urrea, papel cómico, y algunos papeles secundarios, creando el personaje de Ferrando que actúa como narrador. También eliminó el segundo acto de la obra por completo, pasando de cinco a cuatro.

Desgraciadamente Cammarano murió en Julio de 1852, antes de poder terminar el tercer acto y Verdi confió a Leone Emanuele Bardare, joven poeta, amigo y colaborador del difunto libretista su finalización, aunque el propio Verdi trabajaría en el libro.

Quizá debido a esos contratiempos o al exceso de celo muy típico de Verdi en abreviar y sintetizar hasta el extremo, el libreto de Il Trovatore resulta confuso y carente de racionalidad, probablemente también influye la buscada eliminación de los sucesos históricos en los que se basa la obra teatral, la lucha por el trono de Aragón provocado por la muerte de Martín I, sin descendencia legítima en 1410.

1851 fue un año muy importante para Giuseppe Verdi, el 28 de Junio, muere su madre, su padre, Carlo, cae enfermo, en diciembre marcha a París con su compañera Giuseppina Strepponi, debido probablemente a los celos de los vecinos de Busseto por la sustituta de Marguerita, la difunta mujer del maestro e hija de su benefactor Barezzi, que deriva en un aislamiento social de la pareja.

Firmó un acuerdo con el Teatro de Nápoles para el estreno de Il Trovatore en noviembre de 1852, pero al final el Reino de las dos Sicilias se retiró del proyecto por resultar excesivamente costoso.
Así que Verdi cedió los derechos al Teatro Apollo de Roma para su temporada de carnaval del año siguiente.

Palacio de la Aljafería en Zaragoza, lugar donde se desarrolla parte de la acción

Palacio de la Aljafería en Zaragoza, lugar donde se desarrolla parte de la acción

El 19 de enero 1853 Il Trovatore será representada por primera vez en Roma con un reparto de excepción: el tenor Carlo Baucardé como Manrico, la soprano Rosina Penco es Leonora, la mezzo-soprano Emilia Goggi sería Azucena y el barítono Goivanni Guicciardini, el Conde de Luna, resultando un éxito sin precedentes, el público y la crítica se mostraron entusiasmados desde el inicio.

El Trovador ha sido desde el principio considerada como “ópera de cantantes”, de hecho fue la primera obra musical en hacer necesarias nuevas tipologías vocales más especializadas, por ejemplo Leonora inaugura la clasificación de soprano lirico-spinto de coloratura de todo el repertorio.
Realmente Verdi exprimió al máximo la tesitura, la expresión y la potencia en el canto como nadie lo había hecho antes.
A veces, ese virtuosismo vocal cae en excesos que nos alejan de las intenciones dramáticas de la obra, ya de por sí bastante increíbles.

Los personajes principales forman el triángulo habitual: tenor, soprano y barítono. Verdi buscando siempre un elemento de sorpresa y de interés lo vuelca sobre el papel de Azucena.

La unidad se logra por el color orquestal y la recurrencia de algunos símbolos básicos como la noche, la luz del fuego, el sonido del hierro en martillos o cadenas, que señalan el implacable e inevitable destino.
No es un vaivén caprichoso que juega con los personajes, como en La forza del destino, sino una suerte que ya ha sido escrita irremediablemente por las acciones del pasado.

Il trovatore combina una gran elegancia musical en la propia escritura unida a una imaginación melódica desbordante.

Escena de Il Trovatore en la Arena di Verona

Escena de Il Trovatore en la Arena di Verona

Vamos con un breve argumento. La acción nos sitúa en la España del siglo XV, en Aragón y en Vizcaya, intentaré resumir la extravagante historia.
La gitana Azucena, para vengarse del viejo Conde de Luna, por haber quemado viva a su madre, rapta y arroja en la misma hoguera a uno de los dos hijos del Conde. Pero en su delirio se confunde de niño y es su propio hijo quien acaba muerto.
Hasta aquí es el relato del pasado.
Ya adulto, Manrico, trovador y pretendiente de Leonora, es hijo adoptivo de la gitana, superviviente del terrible error y, por tanto, hermano del actual Conde de Luna, su enemigo en guerra. Aunque eso lo desconocen todos los personajes exceptuando, claro, a Azucena. El conde también está enamorado de Leonora, pero la bella joven sólo corresponde al amor del trovador.

Manrico y Azucena acaban en la prisión del Conde. Leonora se ofrece a cambio de la vida de su amado, el Conde acepta, pero Leonora se suicida antes de caer en sus manos. Fuera de sí por la pérdida de su amada, ordena la muerte de Manrico, la gitana confiesa al Conde en ese mismo momento que ha matado a su propio hermano, consiguiendo su deseada venganza.

Os dejo el vídeo completo desde el Teatro romano de Orange, filmada el 23 de julio de 1972 con una excelente Montserrat Caballé como Leonora, Ludovico Spiess en el papel de Manrico, Irina Arkhipova es la gitana Azucena, Peter Glossopy, el malvado Conte di Luna y Nicola Zaccaria como Ferrando. Gentileza de machikokyo kyosan

En la mente de Verdi, Azucena iba a ser el papel principal del drama, en un principio quiso titular su ópera La Zingara o La venganza.
Azucena es el único personaje no estereotipado, es el motor de todos los acontecimientos, quien decide en cada momento lo que mostrar o esconder, el resto de personajes parecen marionetas en sus manos. Es la única madre en todo el repertorio verdiano, tan abundante en padres, basta citar a Rigoletto o a Germont en la propia trilogía popular, pero Azucena es una madre muy especial, secuestra a un niño que convertirá en su hijo adoptivo después de arrojar al fuego al suyo propio por equivocación, ante las dudas de Manrico, la gitana, para convencerle de que era realmente su madre, tiene que recordarle cómo le salvó en el campo de batalla y aunque se debate entre el amor filial y el odio, al final prefiere callar ante el Conde viendo morir a ese hijo con el fin de cumplir su terrible venganza. ¿Qué madre haría tales cosas?

Giulietta Simionato como la zíngara

Giulietta Simionato como la zíngara

Mientras en el libro de Gutiérrez y en el primer esbozo de Cammarano la falta de lucidez es la excusa en cierto modo de esos actos, Verdi lo transforma en una acción perfectamente racional, por lo tanto es más una hija que al ver morir a su madre torturada y quemada toma el odio y la venganza como razón de vida antes que una verdadera madre.

De todas formas esa única madre del teatro de Verdi ejerce como todos sus grandes padres una función destructiva.

En una carta que Verdi escribe a Cammarano describe lo que quiere para Azucena:

“No hagas que Azucena se vuelva loca. Agotada por la fatiga, el sufrimiento, el temor y la falta de sueño, habla confusamente. Sus facultades están debilitadas pero no está loca. Las dos grandes pasiones de esta mujer, su amor por Manrico y su salvaje deseo de vengar a su madre, deben conservarse hasta el final. Cuando Manrico muere, su sentimiento de venganza le abruma y en la mayor agitación grita: ¡Has matado a tu hermano! ¡Madre estás vengada!”.

Poco se sabe de la relación de Giuseppe Verdi con su madre, el genio de Busseto tan prolijo en cartas “profesionales”, fue siempre muy celoso de su intimidad, aunque resulte curioso que su madre muriera durante la composición de Il Trovatore, es imposible ver en Azucena un reflejo siquiera lejano de ésta.

Con un timbre único de mezzo e innumerables frases en el grave, la gitana es sin duda el único personaje realmente complejo, es admirable cómo nos atrapa en esa tensión ambigua con sus rápidos cambios entre estados cercanos a la alucinación febril y terribles momentos de lucidez fría. Su personaje mantiene siempre una mirada en el pasado, la gitana se expresa principalmente a través de extensos monólogos narrativos y es el único personaje para el que Verdi aprovecha el uso de reminiscencias temáticas, aislándola en un discurso musical muy característico que transforma ese desarrollo narrativo del drama en un aislante de la realidad que la rodea.

Sus melodías se basan sobre todo en frases cortas muy tensas, casi monótonas y repite a menudo patrones rítmicos, muy logrados en su canción obsesiva “Stridea la vampa”.
Las habilidades dramáticas requeridas para cantar Azucena igualan a las vocales, por esa alternancia constante y violenta de estados de ánimo, cantos sombríos y obsesiones aterradoras, Azucena es un personaje totalmente diferente en la colección de papeles femeninos de Verdi y realmente innovador en el teatro lírico hasta la fecha.

 Maria Callas como Leonora

Maria Callas como Leonora

A diferencia de Azucena, los restantes protagonistas responden dramáticamente a los arquetipos firmemente consolidados de la ópera romántica.
La figura de Leonora se mantiene aparte. Ella no tiene vínculos aparentes con el pasado que mueve al resto de personajes, realmente no se sabe nada de ella, pero es el catalizador esencial para las reacciones que van a tener lugar.
Leonora es un carácter esencialmente lírico, lo ideal sería una soprano spinto de agilidad ya que, además de la fuerza dramática, se mueve con frecuencia en largas frases melódicas belcantistas, aderezadas de coloratura. Es una encarnación de los ideales de amor y belleza. Verdi crea el personaje más irreal, abstracto y elegante de todo su teatro, de amor puro hasta su autodestrucción, es una mujer melancólica y atormentada, profundamente enamorada de Manrico, aunque lo confunda con el Conde en la escena del jardín. Dispuesta a tomar los hábitos por la muerte de su amado y a dar su propia vida para salvarle antes que entregarse al rival. Se define a la perfección en la exquisita melodía de “D’amor sull’ali rosee”.

Manrico y el Conde Luna son los antagonistas masculinos. El primero es un tenor heroico, Verdi destaca especialmente su orgullo rebelde y su impulso guerrero, la famosa cabaletta “Di quella pira” define perfectamente ese ardor de héroe guerrero. Sin embargo también posee un intenso lirismo, el genio de Busseto le regala probablemente su melodía más bella escrita para tenor, “Ah! Sì, ben mio” en el fondo il trovatore es un héroe melancólico, frustrado en sus aspiraciones, probablemente mejor “hijo crédulo” que amante enamorado.

Il Conte di Luna es el papel menos espiritual y más lineal de la ópera, es un barítono celoso y vehemente, muy a menudo comprometido al borde de la extensión aguda, como en su entusiasta cabaletta, pero al mismo tiempo capaz de sucumbir ante una pasión amorosa cantando con línea suave y sinuosa un inspirado “Il balen del suo sorriso”. Su amor hacia Leonora es más lujuria que sentimiento puro, no duda en aceptar el ofrecimiento de la bella joven aunque sepa que no es verdadero sino provocado para salvar a Manrico.

Domingo, Milnes y Price

Domingo, Milnes y Price

Los cuatro personajes principales viven en una enorme soledad, en una falta de comunicación continua, baste pensar que no hay un solo dúo de amor entre Leonora y Manrico. El inútil sacrificio de Leonora, los celos del Conde, las mentiras de Azucena o la impulsiva inconsciencia de Manrico, subrayan esa terrible soledad de mundos diversos que nunca se llegan a encontrar

La historia roza lo absurdo pero ¿a quién le importa? más que en ninguna ópera, El Trovador está fuera de los límites de la realidad, está en la imaginación, es un magnífico sueño fantástico.
Es una ópera nocturna, el fuego está siempre presente en escena, bien sea como una llama que calienta a los soldados en la guarnición de Luna o que arde en el campamento de los gitanos, las antorchas de la prisión de Manrico, las velas conventuales del retiro de Leonora, la famosa pira amenazante… aunque la más presente no se encuentra en escena, sino en el pasado, aparece ya en el relato de Ferrando al inicio y por supuesto en la memoria de la vengativa Azucena.

Pero la luz de todos esos fuegos no es capaz de iluminar la oscuridad total, física y psicológica, que envuelve por completo la ópera que el genio de Giuseppe Verdi expresa a la perfección.

 
Os dejo el libreto traducido, clic aquí.

Si queréis ver la partitura completa para canto y piano haced clic aquí.

 

 

Comments 11

  1. Sergio Armengol

    Gracias a la publicacion en facebook pude ubicar este espacio y éste Trovador lo estoy disfrutando mucho. Es posible acceder en otras oportunidades ?

    1. Post
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  2. Guillermo Morín

    ¿Estreno de Rigoletto el 1951? (sexto párrafo del texto), ¿cien años después, para celebrar el centenario de la pre-inauguración?

    1. Guillermo Morín

      Y sigue la mata dando: ¿Estreno de Il Trovatore en noviembre de 1952? (cinco párrafos adelante) De plano, ¿hubo un cambio de siglo?

    2. Post
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  3. hector josé

    una maravillosa experiencia gracias a una magnífica interpretación en todos los rubros.-
    muchísimas gracias por darnos esta oportunidad.-

  4. Ulises Sanchez

    Recién descubrí esta pagina, vivo en un pueblo pequeño del interior de Argentina, soy amante de la opera y no tengo posibilidad de ver una en vivo, les doy las gracias.

  5. Agustí Olivé

    Muy interesante y útil la entrada. Ayer estuve viendo en cine la versión de esta ópera que se representó en el State Opera de Berlín, creo que en el 2013, con Plácido Domingo y Anna Netrebko, dirigida por Philip Stoltzl. ¿La ha visto? Si es así, ¿qué opinión le merece? Gracias.

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      croceedelizia

      Agustí, sí, fuimos a verla, fue en marzo del año pasado.
      Si quieres saber mi opinión de la escena te diré que lo único que me incordió fueron las proyecciones “explicando” las situaciones, sobraban.
      El resto se queda en una estética entre Tim Burton y la familia Adams en el manicomio, que en el fondo no molesta demasiado. La idea de las “marionetas” la puedo entender ya que, como digo en el artículo, el destino de la acción parece no estar en manos de los protagonistas. Se agradece, al menos, la coherencia con el libro. El resto queda en eso: “un hecho estético” que puede gustar o no. En teatro funcionaba bastante bien la enorme caja como decorado único, no sé en el cine.
      Musicalmente, que es lo importante, fue bastante correcta en general. Baremboim fue quizá demasiado dúctil con los cantantes, sobre todo con Domingo, pero sacó buenas intenciones y sonido. La mejor sin duda Netrebko, que debutaba en el papel, a señalar un emocionante y legatísimo “d’amor sull’ali rosee”. Me sorprendió gratamente la Azucena de Marina Prudenskaya, quitando alguna tirantez en los agudos estuvo convincente en el difícil papel de la gitana. El Manrico de Gastón Rivero tuvo buen espíritu y posee un hermoso timbre lírico pero aclara demasiado en la zona aguda perdiendo fuerza dramática, es joven y puede mejorar. De Domingo poco que añadir, está claro que no es barítono verdiano, pero Domingo es Domingo, parte de la historia de la ópera, en el fondo se agradece que le queden ganas para subirse a un escenario.

  6. Juan Carlos

    Excelente página, la descubrí hoy 11/02/2017 y la tengo marcada en el monitor para entrar frecuentemente. Hace ya varios años asistía al teatro Colón, teatro Argentino de La Plata. Hoy debo conformarme con Internet aunque con ésta página web mas que conformarme estoy muy satisfecho.
    Saludos desde Buenos Aires

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